«Me llamo Mary Katherine
Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A
menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer
lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he
tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los
perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo
Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de
mi familia ha muerto.» Con estas palabras se presenta Merricat, la
protagonista de Siempre hemos vivido en el castillo, que lleva una
vida solitaria en una gran casa apartada del pueblo. Allí pasa las
horas recluida con su bella hermana mayor y su anciano tío Julian,
que va en silla de ruedas y escribe y reescribe sus memorias. La
buena cocina, la jardinería y el gato Jonas concentran la atención
de las jóvenes. En el hogar de los Blackwood los días discurrirían
apacibles si no fuera porque los otros miembros de la familia
murieron envenenados allí mismo, en el comedor, seis años atrás.

Textos i foto de la autora: Editorial
Minúscula
Foto del castillo: Edward Scissorhands (Tim
Burton, 1990)
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