Este mes en La Sartén Littéraire, la novela escogida es muy corta… para tener tiempo de leerla y también de escribir. Atención fogones, el tema: un cuento de navidad.
Sobre Una lectora nada común:
Si sus perros hubieran respondido a su llamada, la reina no habría descubierto el vehículo de la biblioteca móvil del ayuntamiento aparcado junto a las puertas de las cocinas del palacio. Y no habría conocido a Norman, el joven pinche de cocina que estaba leyendo un libro de Cecil Beaton e iba a constituirse en su peculiar asesor literario. Pero ya que estaba allí, la reina decide llevarse un libro. ¿Y qué puede interesar a alguien cuyo único oficio es mostrarse interesada? Isabel II de Inglaterra descubre en los estantes de la biblioteca el nombre de una escritora que conoce, Ivy Compton-Burnett. Y de ella a Proust. Y de Proust a Genet, cuya sola mención hará temblar al presidente de Francia, sólo median algunos libros. Así, azarosamente, ella, que hasta entonces sólo había sido un lugar vacío ocupado por una fuerte idea del «deber», descubrirá el vértigo de la lectura, del ser, del placer.
Sobre Alan Bennett :
Alan Bennett es autor de muchas y celebradas obras teatrales como "Habeas Corpus", "Forty One Years On", "Kafka's Dick" o "The Madness of George III" (adaptada después al cine), guiones cinematográficos como Prick Up Your Ears (basado en la vida de Joe Orton), y piezas televisivas, en especial "Talking Heads" y "An Englishman Abroad", que lo han convertido en uno de los autores británicos más queridos. Asimismo es muy apreciado como actor. Empezó a escribir en prosa hace solo unos diez años.
James, Henry. Otra vuelta de tuerca. Barcelona: DeBolsillo, 2009. (Random House Mondadori). 208 p. ISBN: 9788499081168. 7,95 €.
No estábamos todos los que somos pero en esta nueva cita recuperamos felizmente a K., de vuelta de su viaje transatlántico. El domingo pasado La Sartén Littéraire se reunió sentados todos bien juntos en torno a una mesa redonda, que era el marco ideal para invocar la presencia de los espíritus de Jessel y Quint, pero no hizo falta. Aunque la tarde de luna llena acompañaba y de fondo oíamos los aullidos lejanos de un perro que no estaba invitado… nada de juntar las manos, sacar la ouija y girar bocabajo uno de los vasitos para el moscatel que la anfitriona Samedimanche había comprado. Sólo empezar la tertulia quedó bien claro: Otra vuelta de tuerca no nos pareció una novela de fantasmas. Fantasmas al uso, claro, porque la narradora, esa joven institutriz sin nombre (ni hombre, que buena falta le hacía), tan avispada ella, algo nos cuenta que dice ver… Pero en esa lujosa mansión no hay más que corriente de aire que apague las velas, ondee cortinas y cierre las puertas. Sí, todo es producto de su calenturrienta imaginación puritana. Ella está totalmente loca-por-un-beso-tuyo del tío parrandero (¿gay?) de los huerfanitos y todo lo que nos hace creer que ha pasado (sexo duro y sexo enfermo, entre otras perversiones varias), pues puede que sea cierto o puede que no. Aquí está la grandeza de Henry James, esa ambigüedad en el planteamiento y en el desenlace, que puede llegar a fastidiar, pero que, a la postre, resulta ser lo más interesante, como apuntó Yosoyjulian.
Como Malena no deja insertar su vídeo Loca, para verlo pinchen aquí.
Los fantasmas son sólo una excusa para hablar de muchos temas que en su época no se atrevían a tratar a calzón quitado. Un corte radical con la tradición gótica, dijo Samedimanche. Y eternamente moderno: en Otra vuelta de tuerca, el autor se suelta a través de la protagonista con un increíble (y atormentado) monólogo interior, tiempo antes que llegara Joyce con su Ulises. Un texto breve pero lleno de párrafos largos que trenzan el misterio, primero lentamente, después en crescendo hacia el final. Con un uso de subordinadas que seguramente harían temblar a los traductores, apuntó Mme. Clouseau, que a ello se dedica y lo leyó en su versión original en inglés.
Señoras y señores, con ustedes, ¡¡¡¡¡el Theremin!!!!! La banda sonora de una velada sin igual: UuuuuiiiiiiiiuuuuaaaaaiiiiiiiiiUuuuaaaaaaiiiiiiii…. (solo de boca a cargo de la anfitriona...)
C. y K. se mostraron muy interesadas por el capítulo introductorio que presenta la historia y que, como explicó Samedimanche, es muy típico de las novela del siglo XIX. Fue general que ningún personaje cayera bien en particular: el tío rico pasando de todo, la institutriz loca de atar, los niños repelentes de tan dulces y monicos, el ama de llaves (tan Sancho Panza) a lo suyo haciendo la vista gorda y oídos sordos… al final, y a raíz de algunos comentarios de la misma señora Gross, los dos que lo debían pasar mejor en esa casa debían ser Jessel y Quint, que les quiten lo bailado a los muertos, eso sí, si el toqueteo sólo fue entre ellos.
Y qué decir de la película. The Innocents nos pareció una adaptación perfecta. Mantiene la misma ambigüedad y fuerza de la novela aportando lo mejor del buen cine. Guionazo de Truman Capote y excelente pulso el de Jack Clayton, el director. Fascinante desde los títulos de crédito, con esa tétrica canción sobre fondo negro hasta que aparecen las letras de la 20th Century Fox. Detallista y valiente en aportaciones nuevas: ese beso en la boca de Miles a Miss Giddens (aquí la institutriz sí tiene nombre, pero sigue sin hombre). Con unas interpretaciones magistrales, encabezadas por la gran Debora Kerr (que puestos a buscar otras candidatas, se nombró a Jane Fontaine, pero nada, demasiado panoli… O a la gran Hedi Lamarr actriz y científica, pero demasiado salada, Lamarr salada… la Kerr le dió al personaje el vinagre que requería), unos niños en estado de gracia y la presencia fugaz pero ¡¡¡terrorífica!!! de los fantasmas: que mal rollo Quint en la torre (¿fálica?) o tras el cristal, como Jessel en el lago (¿agua=sexo?)…
Mención especial también para la adaptación española, la de Eloy de la Iglesia… con sus limitaciones pero muy digna, dijeron los que la vieron. Inevitable punto de vista el De la Iglesia, con Pedro Mari Sánchez de ex seminarista a cargo de los huerfanitos… ya pueden imaginar qué pulsiones sexuales quedaban encubiertas esta vez. Y un breve apunte para tratar lo mucho que influyeron la novela de James y la película de Clayton en Los Otros de Amenábar, una visión muy original que con una vuelta de tuerca final resolvía el enigma. No quedaba nada mal, pero era justo lo que Henry James sabiamente no hizo.
Y bueno, como suele pasar… después de unos brindis, pastel de calabaza, panellets y demás dulces, y otras copitas más… la cosa se empezó a caldear. Si la pobre institutriz hubiese estado presente, es posible que se hubiese tirado por la ventana (estábamos en un ático), que como final alternativo pues no estaría nada mal. Queda aquí apuntado para ese “Tuerca, el musical” tan imposible del que se habló, donde el tema principal sería, como no, el Loca (por un beso tuyo…). Porque a falta de la Kerr, pues Malena Gracia lo haría genial, como además de actriz es cantante… Completarían el surrealista elenco lo mejor del cine de los sesenta y setenta que hemos mamado: Alfonso del Real como Miles… Gracita Morales, Florinda Chico o Rafaela Aparicio para el ama de llaves… Terele Pávez (más salvaje) o Victoria Vera (más fina) como Jessel… Manolo Gómez Bur como Quint, el jardinero…
En fín, casi no hace falta decirlo, pero el libro esta vez nos gustó a todos los presentes. Si en el Más Allá y el Más Acá (de aquellos que no pudieron venir) no les parece así: ¡Manifiéstense!
en can Cumbres, la casa encantada de P., también conocida como Samedimanche, intrépida navegante de Maelstrom, un torbellino apasionado por el Siglo XIX en las aguas de Internet.
La Sartén Littéraire se reunirá en esta ocasión para hablar de Otra vuelta de tuerca de Henry James yThe InnocentsdeJack Clayton. Qué mejor novela y película para después de la noche de Halloween y en plena vigilia del día de difuntos. Sí, porque en La Sartén no renunciamos a nada que nos guste, aunque venga de Estados Unidos, de México, sea de aquí o del Más Allá.
Henry James (Nueva York, 1843 - Londres, 1916) fue un narrador, crítico y dramaturgo estadounidense de obra psicológica y estructuralmente compleja, considerado uno de los grandes maestros de la ficción moderna. Era hermano del filósofo y psicólogo W. James. Estudió en Nueva York, Londres, París y Ginebra, y en 1875 se estableció en Inglaterra. A los veinte años comenzó a publicar cuentos y artículos en revistas de su país.
En sus primeras obras manifestó la influencia de la cultura europea, como en las escritas entre 1875 y 1881: Roderick Hudson (1876), El americano (1877), Daisy Miller (1879) y Retrato de una dama (1881). Esta última, sin duda una de sus obras maestras, es un análisis de los norteamericanos expatriados en Europa. En sus primeros tiempos mostró gran pericia en la escritura de relatos breves, aunque algunos críticos le adjudicaron cierto intelectualismo que lo alejaba de la prosa de argumento o de acción. Su narrativa en general se caracteriza por el ritmo lento y la descripción sutil de los personajes, más que por los propios acontecimientos; las tramas, aunque no suelen ser complicadas en extremo, cobran densidad por los repliegues de la estructura y el estilo indirecto, como en Los papeles de Aspern (1888) y Otra vuelta de tuerca (1898), que es para muchos la culminación de su obra. En esta última, por ejemplo, una muchacha es contratada por una familia adinerada para que se encargue de cuidar a sus sobrinos, pues los padres de los niños han muerto. Cuando llega a la casa conoce a Flora, la niña, y a los pocos días llega Miles, el niño, y poco a poco la chica descubre que pasan cosas extrañas en la casa, pues Flora parece estar poseída por Jessel, el fantasma de la antigua niñera que había fallecido, y Miles también parece estarlo por el señor Quint, otro servidor que trabajaba allí años atrás. En la novela los hechos nunca asumen la gravedad esperada, rasgo propio del autor, que va dilatando la verdad por medio de una prosa morosa, revelando oblicuamente los motivos y conductas de sus personajes, con diálogos y observaciones minuciosas, técnica que siguió empleando en sus últimas creaciones: Las alas de la paloma (1902), Los embajadores (1903) y La copa dorada (1904). La forma en que narra los procesos mentales de sus personajes lo convierte en uno de los precursores indiscutibles del llamado "monólogo interior", en lo que se anticipó a maestros como J. Joyce o W. Faulkner; otro de sus avanzados descubrimientos estilísticos fue el empleo de narradores múltiples. Autor prolífico, escribió una veintena de novelas, más de un centenar de relatos, varias obras teatrales e innumerables críticas, además de lúcidos ensayos como El arte de la novela, La imaginación literaria y los Cuadernos de apuntes, que ejercieron un indudable magisterio en muchos autores posteriores.
El capítulo de Matinee Theatre con el título The Others (1957) El capítulo de Startime con el título The Turn of the Screw (1959) The Turn of the Screw, dirigida por John Frankenheimer (1959) ¡Suspense!, de Jack Clayton (1961) Die Sündigen Engel, de Ludwig Cremer (1962) Le Tour d'écrou, de Raymond Rouleau (1974) The Turn of the Screw, de Dan Curtis (1974) El capítulo de Nouvelles, con el título Le Tour d'écrou (1974) Otra vuelta de tuerca, de Dimitrio Salas (1981) Otra vuelta de tuerca, de Eloy de la Iglesia (1985) El capítulo de Nigthmare Classics, con el título The Turn of the Screw (1990) The Turn of the Screw, de Rusty Lemorande (1991) The Haunting of Helen Walker, de Tom McLoughlin (1995) El celo, de Antoni Aloy (1999) The Turn of the Screw, de Ben Bolt (1999) The Turn of the Screw, de Nick Millard (2003) Giro di vite, de Marco Serafini (2008) Iessa y los tres Ce, de Louany Gumyeg (2008) Además, influyó sobre cineastas como Alejandro Amenábar (Los otros), Carlos Enrique Taboada (El libro de piedra) o Narciso Ibañez Serrador (el capítulo El muñeco de las Historias para no dormir). Un caso especial es la película Últimos juegos prohibidos, dirigida por Michael Winner en 1972. Esta película es una suerte de precuela (o protosecuela) de Una vuelta de tuerca donde se narran los hechos acontecidos antes de la novela (y que se van conociendo a lo largo de ésta).
Ópera
El compositor británico Benjamin Britten estrenó en 1954 una ópera de cámara titulada The Turn of the Screw, basada en el relato homónimo de Henry James. El libreto fue escrito por Myfanwy Piper y la primera representación tuvo lugar el 14 de septiembre de 1954 en el Teatro La Fenice de Venecia.
¡Ojo! Recomendable para después de haber leído la novela y visto la película, contiene algún spoiler:Aquí hay un enlace a un análisis crítico de la película The Innocents (Jack Clayton, 1961) muy completo e interesante: Vallet R., Joaquín. El sueño de la razón. En: Miradas de cine, núm. 44.
"I. The turn of the screw y The Innocents. La vuelta de tuerca a la perfección. Si existe una pieza narrativa que se sirva de los tópicos más trillados de un subgénero literario con el fin de deconstruírlos y replantear una nueva dimensión desde sus mismas raíces seminales ésa obra es, sin duda alguna, Otra vuelta de tuerca de Henry James". Continuar leyendo…
Un día en la Ópera II, 2009, Óleo sobre tela, 39 x 47 cm.
Libro y película en esta nueva edición de la Sartén. Otra vuelta de tuerca ha sido adaptada varias veces al cine… Seguro que hablaremos de ello próximamente en este blog, porque algunas de las películas (no todas) lo que hicieron fue dar una vuelta de tuerca más y pasarse de la rosca… ¡Tremendas! Pero ahora vamos con otra clase de adaptación de esta misma novela, la ópera de Benjamin Britten.
Otra vuelta de tuerca, ópera de cámara con libreto de Myfanwy Piper basado en The Turn of The Screw de Henry James, fue escrita por Benjamin Britten en 1954.
Se estrenó en El Liceu de Barcelona, aunque por entonces hacía sólo un par de años que acababa de quemarse el teatro de las Rambles y durante su reconstrucción las obras se representaban en el teatro Victòria. Fue un 17 de junio de 1996 y allí estaba Roger Alier, crítico de ópera patrio de cabecera, profesor de historia de la música de algunos de nosotros en la universidad. Esta fue su crónica para La Vanguardia:
El tornillo volvió a girar, por Roger Alier
"Las óperas de Benjamin Britten han tenido siempre problemas para estrenarse en Barcelona. Ya en 1953 el empresario Pamias había programado “Peter Grimes”, pero las circunstancias políticas del momento impidieron el estreno. El año del incendio, “Peter Grimes” figuraba en el cartel de la temporada, y nuevamente se canceló. De “The tun of the screw” (“Otra vuelta de tuerca”) se habló en varias ocasiones, y final mente ha sido el espectáculo de clausura de esta nueva temporada de emergencia que el Liceu ha desarrollado en el Victória. La ópera fue presentada por fin en un marco realmente adecuado para ella, puesto que se trata de una ópera de cámara, con una orquesta reducida a una veintena corta de instrumentos. Digamos de entrada que la producción es sencilla y económica en cuanto a medios: un par de proyecciones fotográficas, una de las cuales —la del lago— se repite constantemente; unos interiores de mansión victoriana sencillos pero eficaces y un vestuario atractivo; en conjunto la producción es un verdadero encanto, y funciona excelentemente —si exceptuamos el ridículo coche de caballos de la primera escena—. La dirección escénica logró el mejor rendimiento de los intérpretes —esta ópera tiene, además, un carácter eminentemente teatral— y se hizo notar sobre todo en el movimiento escénico de los niños, realmente fabuloso, y en el de la institutriz. Si alguna objeción tiene cabida en la labor de Hampeserí a que se dedica más a la narración de una pieza de época que a damos pistas sobre el turbio mundo de relaciones que anida en los personajes, reduciendo la obra más a un cuento de extraño final que a darnos su verdadero mensaje.
En cuanto a las voces, señalemos la perfección del canto de Ryan Roben —el niño Miles—, con una voz blanca homogénea, perfecta. y la eficacia de la joven Conxita García, que cantó una Flora realmente muynotable, con un timbre ligero pero de gran calidad; Helen Field se distinguió también como institutriz—es ella quien tiene mayor protagonismo y superó con creces las dificultades de su parte— pero la vozmás notable del conjunto fue sin duda la de Mechthild Gessendorf. ya conocida en el Gran Teatre Liceu(recordemos su magnífica Ariadne de hace pocos años), que en el papel de Mrs. Grose hizo gala de una potencia y de una calidad timbrica de primer orden. Menos fortuna tuvo el fantasma górico Quint (el tenor Stuart Kale, que cantó discretamente el prólogo y las primeras escenas, pero mejoró hacia el final); Nadine Secunde es tuvo un tanto áspera y poco centrada como Miss Jessel, siempre dentro de un buen nivel.
Josep Pons dirigió con seguridad ‘y eficacia la transparente orquesta de cámara que Benjamin Britten diseñó para esta obra. La brevedad de la formación hizo que se oyera algún desliz ocasional de la cuerda, pero en conjunto la magia de la partitura no se perdió y la obra conquistó incluso a quienes habían acudido al teatro con una cierta prevención, prevención contra todo lo nuevo que motivó que el local apareciera con bastantes más claros de lo que es habitual. La Vanguardia Edición del viernes, 21 junio 1996, página 45.
Ramiro Fernández Saus Un día en la Ópera V, 2009, Óleo sobre tela, 39 x 47 cm.
Una nit a l’Òpera. Exposición de Ramiro Fernández Saus en la Galería René Metràs (Consell de Cent, 331 de Barcelona) con las obras originales que ilustran el programa de la temporada 2009-10 del Gran Teatre del Liceu de Barcelona.
Parece ser que la reunión ferretera se traslada a una fecha más acorde: 1 de Noviembre, día de Todos los santos...incluyendo jardineros e institutrices.
Bennett, Alan. Una lectora nada común. Traducción de Jaime Zulaika. Barcelona: Anagrama, 2008. (Panorama de narrativas; 694). 128 p. ISBN 978-84-339-7475-4. 13 €.